Azimuth-25

Revista Azimuth, Colegio de Ingenieros Topógrafos de Costa Rica -29- • Alzar vuelo Los primeros trabajos como profesional estuvieron relaciona- dos con la construcción de carreteras. Cañas, Liberia, San Ra- món y Limón fueron escenarios frecuentes en esa etapa de la vida de Arrieta: “Normalmente eran quincenas el tiempo que debíamos estar en las diferentes zonas de trabajo, lo que me permitió conocer todo el territorio nacional”. El contacto con las empresas constructoras BTA y el consorcio local Zamora y Quirós con los trabajos de la Costanera Sur y Tárcoles-Cuesta del Chiquero en la provincia de Puntarenas, le fueron abriendo la inquietud de la independencia profesional. El Ing. Arrieta trabajó 12 años con esas firmas por medio de contratos establecidos con el MOPT. Pero su ímpetu e interés por aspirar a más, lo hizo tomar la decisión de abrir su propia empresa: “Consultoría Topográfica S.A.”. Fue entonces cuando el joven profesional inició su primera tarea como empresario. Se trataba de replantear una nueva cancha de golf para el proyecto turístico y habitacional Ciudad Hacienda Los Reyes, en la provincia de Alajuela. El proyecto no solo significó el lanzamiento del experto a una nueva etapa como profesional, sino que le abrió un abanico de posibilidades de trabajo: urbanizaciones, condominios, agrimensura, curvas de nivel, proyectos forestales, replanteo de canchas, entre otras, ocuparon de lleno la mente y el talento de este profesional. PROFESIONAL DESTACADO Este hombre de 70 años, recuerda con nostalgia su paso por el MOPT, donde inició como Auxiliar de Topografía en 1962, con tan solo 19 años. Este hombre de 70 años, recuerda con nostalgia su paso por el MOPT, donde inició como Auxiliar de Topografía en 1962, con tan solo 19 años. “No tenía ni cédula (en aquella época la mayoría de edad se obtenía con 21 años). El MOPT me dio un gran aprendizaje sobre todo en la rama de la construcción de carreteras”, relata. Fue así como don Harry comenzó a moldear su robusto curriculum y a coleccionar anécdotas, como la ocurrida el primer día de trabajo en el Ministerio. “Me recibió un profesional distinguido que recuerdo con mucho cariño, don Teodoro Hernández, quien me dio una inducción resaltando la importancia de no manchar el papel milimétrico. Como primera tarea, me pidió completar un plano con unos nombres y apellidos. Al final del día, preguntó alterado que quién había ensuciado un plano que estaba en la oficina (se trataba del que yo había hecho). Y me dijo que con esa letra no iba a llegar a ningún lado. Inmediatamente, me puso a practicar caligrafía,” señala Arrieta, entre risas. Años más tarde, estos dos profesionales volvieron a verse pero en las aulas universitarias, cuando don Harry fue alumno de don Teodoro: “Un día entregué una tarea y, para mí sorpresa, venía una notita anexa que decía: ‘Lo felicito. Tiene usted muy buena letra y números’. Nunca supe si él se acordó de aquel momento en que me puso escribir en caligrafía”. Precisamente, esa vivencia le sirvió para trasladarla a sus estudiantes, cuando incursionó como profesor en la UCR, aunque existan ahora herramientas como computadoras y otros dispositivos tecnológicos que han suprimido la escritura manual. “Siempre me preocupé por instaurar en mis alumnos la necesidad de que tuvieran buena letra. Aunque se enojaran y me reclamaran, luego me agradecían”.

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