Azimuth-40

Revista Azimuth 40: 39-41, ISSN: 1659-2948 / 2020 - TOPOMUJER 41 “Un día llegó uno de los gerentes y me dijo: ‘Marjorie, tengo buenas recomendaciones tu- yas y vas para oficinas centrales de Periféri- cos’. Ahí me ofrecieron trabajar en el área de Mercadeo”, comenta Ruiz, quien permaneció en la empresa por 20 años. Al hablar de su paso por Periféricos, los ojos de doña Mar- jorie brillan de agradecimiento, pues, en sus propias pala- bras, “esta empresa fue el trampolín para lograr desarro- llarse como profesional y alcanzar mejores oportunidades”. Gracias a una profesora Luego de dos décadas laborando para Periféricos, doña Marjorie renunció a Periféricos para iniciar la práctica pro- fesional en el Colegio Federado de Ingenieros y de Arqui- tectos (CFIA). Estudiaba Contabilidad. Recuerda con mucha nostalgia cuando su entonces jefe (Oscar Saborío) le dijo que se fuera a realizar la práctica, pero que regresara a incorporarse, algo que no sucedió. “Una profesora de Contabilidad me eligió para efectuar la práctica en el CFIA (donde ella laboraba), específicamente en el Colegio de Arquitectos. Fue un cambio completo en las funciones que estaba acostumbrada, pero me gustó mucho, lo disfruté y me dejaron”. Tras varios cambios internos del Colegio de Arquitectos, Ruiz fue cesada de su puesto. No obstante, no duró mucho sin empleo: regresó al CFIA, esta vez a Tribunales de Honor. “Ahí aprendí muchísimo y algo que nunca voy a olvidar fue cuando me di cuenta que mi ídolo era ingeniero: vi que Evaristo Coronado formaba parte del Colegio, al ser ingeniero”, recuerda, entre carcajadas. Mientras estaba en Tribunales de Honor, participó en un concurso para optar por el puesto de Asistente Adminis- trativa en el CIT. De esta manera, fue seleccionada para abrir la oficina en el Registro Nacional. “Me entrevistó don Luis Ramírez; siempre lo recuerdo. La oficina surgió pensando en un lugar que sirviera como un colaborador per- manente para el agremiado. Se le daban 6 minutos a cada profesional para que hiciera estudios y viera las claves para solicitar las copias de los planos”, relata. Poco a poco, doña Marjorie logró aprender conceptos y procedimientos propios de la profesión de la Ingeniería Topográfica. Su primer maestro fue León Carmiol: “Él me explicó cómo leer un plano”. Su habilidad para aprender rápido y fácil adaptación, le permitieron empoderarse del puesto y de toda la oficina, de tal forma que ella misma estableció procedimientos admi- nistrativos exclusivos para esa dependencia, así como ver de primera mano la evolución tecnológica de la profesión. “El CIT me dio amigos y mucho crecimiento. Los agre- miados llegaban muchas veces con sus hijos, a quienes vi crecer. La demanda fue tanta que la oficina requirió conformar un equipo de colaboradores, a todos los que pasaron por ahí los llevo en mi corazón; fueron una pieza importante en el éxito de las funciones”. La decisión de acogerse a la pensión no fue fácil para esta mujer de 56 años, quien refleja en su mirada el gran cariño hacia el CIT y, sobre todo, a los agremiados. “Amo al CFIA y al CIT, especialmente, pero ya era hora de que tomara esa decisión. A todos los agremiados y com- pañeros con los que compartí, les agradezco la oportuni- dad que me dieron de servirles y hacerme sentir como una herramienta importante de trabajo. Sobre todo, haberme dado la oportunidad de formar parte de la consolidación de una oficina tan vital para los topógrafos”. Doña Maggie, como muchas la llaman, aprovechará esta nueva etapa de su vida para pasar más tiempo con su fa- milia (su esposo, sus seis hijos, y nietos), sin olvidarse del tiempo para ella misma .

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