INFOCIT
- Revista Azimuth 32: 19-21, ISSN: 1659-2948 / 2017
12
Topógrafo de vocación,
docente de corazón
- Ha formado a generaciones de Ingenieros
Topógrafos que hoy lo reconocen como un
auténtico maestro.
Con solo 36 vueltas al sol, el Ing. Steven Oreamuno
Herra ha adoptado el sacrificio y la perseverancia como
compañeros del viaje de su vida.
Creció en Cañas, Guanacaste, en medio de innumerables
carencias materiales. Sin embargo, sus padres, Eugenio
Oreamuno Murillo (Q.d.D.g) y María de los Ángeles
Herra Sirias, se preocuparon por inculcarles valores y
principios que forjaron el carácter y personalidad de él y
sus hermanos.
“Fue muy duro. Nunca hubo regalos en
Navidad ni en los cumpleaños, pero, a pesar
de eso, nunca nos faltó el arroz y los frijoles
y lo más importante: los valores que hasta
el día de hoy aplicamos mis hermanos y yo”,
señala.
El Ing. Oreamuno recuerda entre risas la etapa de rebeldía
e indisciplina que vivió durante su niñez y admite que
fue un “verdadero dolor de cabeza” para su madre. No
obstante, la muerte de su padre, cuando Steven tenía
apenas 16 años, significó un cambio radical en su vida
que lo obligó a asumir la figura paterna para su hermana
Laura, quien en aquel entonces tenía solo 4 años.
“Hubo un antes y un después de la muerte de mi papá.
Asumí un liderazgo en el colegio y en mi casa. Mi hermano
mayor estaba a punto de casarse, así que fui prácticamente
un padre para mi hermana menor… tuve que madurar a la
fuerza”, comenta.
De la pampa a las ciudad
Al terminar sus estudios de secundaria, y con solo 35
mil colones en su bolsillo, el Ing. Oreamuno decidió
trasladarse a casa de una de sus tías, en Santa Bárbara
de Heredia, para iniciar sus estudios en la Universidad
Nacional (UNA). Ese fue el inicio de un camino de éxito
que fue cosechando poco a poco.
Aunque su primera opción era Medicina Veterinaria,
ingresó al Diplomado en Topografía, carrera que lo sedujo
desde el inicio.
A pesar de ingresar sin beca, recuerda con orgullo cómo
su madre tuvo que vender tamales, mientras él salía en
bicicleta a venderlos en su pueblo, para poder sufragar los
costos de los créditos universitarios.
“Terminé la carrera en tres años (cuando realmente estaba
diseñada para cinco años). Llevé todos los bloques
completos y a partir del segundo semestre la UNA me
apoyó enormemente con beca, gracias a la cual podía
comer…yo prácticamente comía solo lo que me daba la
beca. Si quería salir con los compañeros no podía porque
Ing. Steven Oreamuno Herra, su hermano Ing. Luis Eugenio Oreamuno
Herra, su madre María de los Ángeles Herra Siles y su hermana
Laura Oreamuno Herra.




