REVISTA AZIMUTH 39
Revista Azimuth 39: 27-29, ISSN: 1659-2948 / 2019 - PROFESIONAL DESTACADO 29 A través de su trabajo en el MOPT, obtuvo amplia experiencia en el campo de obra pública, lo cual lo motivó a decidirse a estudiar Topografía. Fue así como ingresó a la Universidad de Costa Rica (UCR), donde, primero, cursó Generales y, posteriormente, entró a carrera. Se recibió como Perito Topógrafo en 1975, momento en el que solicitó a su jefe ejercer esta carrera dentro del MOPT. Fue así como logró colocarse como Jefe de Topografía, puesto que le permitió participar en el trazado de la carretera Orotina-Pozón y otros proyectos importantes. Sus deseos de superación lo llevaron a sacar el Bachillerato en Ingeniería Topográfica en la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA). Paso por la empresa privada Su paso en el MOPT llegó a su fin tras aceptar una atrac- tiva oferta de la empresa Insa Constructores, donde efec- tuó labores de inspección y topografía, siempre como jefe. “En 1987 supervisé la construcción de la carretera Gua- tuso-Santa Cecilia: Fueron 98 kilómetros; contratamos 12 cuartillas de topografía y nos metimos en las montañas. Duramos dos años haciendo la carretera, por eso a mí me extraña cuando ahora para construir algo duran eterni- dad… lo que falta es liderazgo” Luego de participar en innumerables proyectos grandes, a inicios de los 90, don Manuel tomó la decisión de alzar vuelo como profesional independiente, especialmente en labores de Agrimensura. En 1994, la crisis económica del país lo obligó a buscar un trabajo más estable, que encontró en el proyecto EcoPa- pagayo. Su último paso por la empresa privada lo obtuvo de Auto- pistas del Valle, donde se encargó de las expropiaciones que derivaron del trazado de la carretera Bernardo Soto. “En los diferentes puestos que he tenido a lo largo de la vida, he aprendido a apreciar el trabajo de los compañeros, así como aspectos técnicos relacionados con todo lo que tiene que ver con laboratorio de materiales: asfalto, concreto, suelos, entre otros”. Inquieto y ocupado Su inquietud y energía lo llevaron a formar parte de la actual Junta Directiva del CIT, donde ejerce como Fiscal, puesto en el que invierte gran parte de su tiempo. “Quiero impulsar la necesidad de que el agremiado semantenga actualizado y anuente a los constantes cambios tecnológicos. Las nuevas generaciones se enfrentan a este reto”. Estar dentro del CIT le permite identificar los desafíos ins- titucionales: “Hay que seguir fortaleciendo las asociacio- nes, mejorar los cursos y estar cerca de los colegiados. Esto nos permitirá seguir cimentando la profesión”. Ante todo, don Manuel es un hombre de familia. Tiene 49 años de casado y es padre de cuatro hijos: Manuel Omar, Cinthya y las gemelas Andrea y Natasha. “Lo que soy se lo debo a mi esposa”, concluye el Ing. Solera .
RkJQdWJsaXNoZXIy Mjg4Mjc=